Lo que pasa es que las técnicas que hoy se utilizan son
diferentes a las prácticas cultas medievales, pero la
ritualización está presente.
Antiguamente se capturaba el deseo, sobre todo, a partir
de la confesión, de una política de confesores, diría yo, la
confesión asegura la casuística y ahí está siempre el
sujeto y su deseo. Por eso en la edad media se
desarrolló un manual sobre la doctrina de la Penitencia
en que se especificaban los castigos, los diferentes
grados de delitos y la clasificación de los pecados, de
una forma compleja y detallada.
Hoy día no es necesario el procedimiento de la confesión
para asegurar el rito institucional, pero hay otros
procedimientos en que podemos decir, a través de las
técnicas de la captura publicitaria por una alta restricción
del deseo y del sentimiento de culpa, que siguen
presentes.
La “mujer”, en su simbología, en los tratados de la Edad
media era conminada a los infiernos, erigiéndola primero
en el objeto del deseo, por exteriorización culpable y que
había que evitar, de ese modo en el momento de la
confesión el sujeto se capturaba. Son técnicas refinadas
del lazo institucional que sirven al poder y al sujeto para
mantener la creencia de pertenencia entre sí.
Volvamos pues a la confesión, a su forma de hacer para
descargar el doble fardo al penitente: el goce-de-más del
que la doctrina sobre el pecado detestable ha operado la
sustracción y el aumento de angustia unida a la
acusación del culpable.
Por el momento haré mención a la literatura fantasmática
que asocia desde las tradiciones más antiguas el poder y
las falsificaciones demoníacas con el abuso sexual, tanto
de las mujeres como de los hombres.
El tema es inmemorial: “Dios castiga la lubricidad de las
mujeres haciendo que engendren monstruos”; del mismo
modo se dice “los demonios recogen el semen (doctrina
del esperma frío) de los hombres sucios, blandos
(alusión a la masturbación) y lúbricos, que se manchan
ya sea en sueños, ya sea provocándose ellos mismos”.
Si nos atenemos a la literatura canónica que tiene por
objeto definir el Derecho en uso, cualquiera de los
numerosos tratados cultos pone en evidencia que lo
importante y lo inicial para la confesión es el lugar donde
se encuentra la represión del goce.
Esta materia aparentemente abandonada en la
actualidad lo es solamente porque ha sido trasladada a
otros mecanismos de expresión latente pero continúa su
mecánica a través de las clasificaciones con un alto
grado de precisión y perfección lógica sobre la casuística.
La mujer, como sujeto, por eso muchas veces no ha
podido jugar sin poder salir de esta realidad, de hecho
hoy día juega porque puede confesar su goce y al mismo
tiempo confiesa su culpa, a través de técnicas mucho
más refinadas si cabe. Lo importante es descubrir como
el buen orden y el lazo del deseo institucional están
presentes aquí en esta misma confesión de la culpa.
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Clitemnestra
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