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La Coctelera

realidad fantasmática y deseo

8 mar 08

Lo que pasa es que las técnicas que hoy se utilizan son

diferentes a las prácticas cultas medievales, pero la

ritualización está presente.

Antiguamente se capturaba el deseo, sobre todo, a partir

de la confesión, de una política de confesores, diría yo, la

confesión asegura la casuística y ahí está siempre el

sujeto y su deseo. Por eso en la edad media se

desarrolló un manual sobre la doctrina de la Penitencia

en que se especificaban los castigos, los diferentes

grados de delitos y la clasificación de los pecados, de

una forma compleja y detallada.

Hoy día no es necesario el procedimiento de la confesión

para asegurar el rito institucional, pero hay otros

procedimientos en que podemos decir, a través de las

técnicas de la captura publicitaria por una alta restricción

del deseo y del sentimiento de culpa, que siguen

presentes.

La “mujer”, en su simbología, en los tratados de la Edad

media era conminada a los infiernos, erigiéndola primero

en el objeto del deseo, por exteriorización culpable y que

había que evitar, de ese modo en el momento de la

confesión el sujeto se capturaba. Son técnicas refinadas

del lazo institucional que sirven al poder y al sujeto para

mantener la creencia de pertenencia entre sí.

Volvamos pues a la confesión, a su forma de hacer para

descargar el doble fardo al penitente: el goce-de-más del

que la doctrina sobre el pecado detestable ha operado la

sustracción y el aumento de angustia unida a la

acusación del culpable.

Por el momento haré mención a la literatura fantasmática

que asocia desde las tradiciones más antiguas el poder y

las falsificaciones demoníacas con el abuso sexual, tanto

de las mujeres como de los hombres.

El tema es inmemorial: “Dios castiga la lubricidad de las

mujeres haciendo que engendren monstruos”; del mismo

modo se dice “los demonios recogen el semen (doctrina

del esperma frío) de los hombres sucios, blandos

(alusión a la masturbación) y lúbricos, que se manchan

ya sea en sueños, ya sea provocándose ellos mismos”.

Si nos atenemos a la literatura canónica que tiene por

objeto definir el Derecho en uso, cualquiera de los

numerosos tratados cultos pone en evidencia que lo

importante y lo inicial para la confesión es el lugar donde

se encuentra la represión del goce.

Esta materia aparentemente abandonada en la

actualidad lo es solamente porque ha sido trasladada a

otros mecanismos de expresión latente pero continúa su

mecánica a través de las clasificaciones con un alto

grado de precisión y perfección lógica sobre la casuística.

La mujer, como sujeto, por eso muchas veces no ha

podido jugar sin poder salir de esta realidad, de hecho

hoy día juega porque puede confesar su goce y al mismo

tiempo confiesa su culpa, a través de técnicas mucho

más refinadas si cabe. Lo importante es descubrir como

el buen orden y el lazo del deseo institucional están

presentes aquí en esta misma confesión de la culpa.

~

Clitemnestra

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